
Cuando tenía 18 años alucinaba con la biblioteca de uno de mis amigos de La Rioja, Solchi. Un montón de novelas encuadernadas en pieles de diferentes colores, con las letras doradas y nervios en los lomos. Parecían libros antiguos, de la biblioteca de algún monarca o monasterio. Cuando leí El nombre de La rosa, me imaginé que los estantes estarían llenos de volúmenes así. Pero no, los libros de mi amigo Solchi eran contemporáneos y de lo más corriente. Novelas que mi amigo había comprado, leído y disfrutado, las más de las veces en edición de bolsillo, y que luego habían pasado por las manos de su padre, encuadernador de oficio y afición, para ser completamente transformadas.
En estos años no había vuelto a prestar atención a aquellos libros.
Pero después de estudiar en mi escuela los procedimientos para hacer libros con las cubiertas de piel, recordé aquellos estantes de la familia García Morejón y un día, que cenábamos en casa de uno de ellos, mi amigo Alfonso, hermano de Solchi, le pedí que por favor me dejara ver algunos de los libros encuadernados por su padre.
Cuando uno ha peleado con los cajos, con las guardas del encartonado, con la temperatura de los hierros, con las rebabas de las pieles para mosaico, con la chifla... y ve un libro impecablemente terminado, decenas de ellos, se lo pasa como un niño con juguetes nuevos.
Ayer comí con Alfonso y le pedí que me trajera algunos de los libros encuadernados por su padre para fotografiarlos.Su padre se llamaba Florencio García y trabajaba de encuadernador en la Fábrica de Moneda y Timbre. No encuadernaba sólo en el trabajo, también en casa. Alfonso cuenta que les decía los hijos -¡seis!- : "libros, dadme libros" . Y se los transformaba en ejemplares únicos.
Una lástima, ninguno de los seis continúa el oficio, siquiera como afición.
Aquí están en este post los tres que acercó ayer a mi casa.


Un mosaico, mosaico, con las piezas incrustadas en la piel de la cubierta u oasis. En mi taller somo menos maestros y tras chiflar los recortes, los pegamos sobre el oasis. Serán las prisas de los tiempos.


Y detalles como esté del dorado en la guardas de las contras de las tapas, junto a la guarda catalana de seda.
¡ Estoy en ello, estoy en ello! Dentro de 10, 20 años... ¡quizás tenga esa maestría!
