
Este cuaderno dio más de un dolor de cabeza.
Había visto en una librería esos de la marca Paperblank que se cierran con un imán ( el sistema y el cosido son diferentes del que explico) y me pico lo de hacerme yo un modelo que se cerrase con un imán.
El primer dolor de cabeza fue encontrar el imán. Que al final resultó, como tantas veces, más fácil de lo que había pensado: la ferretería más cercana.
El cuerpo del cuaderno es sencillo: pliegos tamaño octavilla, cosidos a la greca, pero con cintas, para que se pudiese abrir más.

Eso sí, cuando elegí el papel para las tapas, me dí cuenta de que ninguna cabezada de tienda casaba con esos plateados y rojos. La hice a mano. Fue divertido.

También hice a mano la cinta de registro. Fue mucho más sencillo, una simple trenza, terminada con una cuenta de cristal, en la línea de brillos del papel de la cubierta.

La tapa: es la normal de un libro de tapa suelta con lomo cuadrado, más un añadido. El añadido: el largo de las tapas, el ancho de la delantera del libro más dos cartones, y una solapa que quedará sobre la portada. En el envés de la solapa dibuje el imán, y luego, con el bisturí rebajé el cartón para incrustrarlo y que se notará lo menos posible, una vez cubierta de papel. Mismo procedimiento a la misma altura en la tapa. Y listo para forrar.
El papel se llama chiyogami, un papel japonés que imita los dibujos de los kimonos de siglos preteritos. Lo compré en Londres, en Shepherds. Es increíble lo bien que se trabaja el papel japonés. Este me dio un pequeño dolor de cabeza, pero fue un despiste mío: puse las grullas boca abajo. Ala, a desmontar el cuadernito y volverlo a hacer con las grullas volando hacía arriba.