Risclar, palabreja utilizada en los talleres de encuadernación que no figura en el diccionario de la academia, significa destrenzar y se aplica a los cordeles o cabos sueltos que quedan a ambos lados del lomo tras coser el cuerpo de un libro. ( Estos cordeles se han utilizado de armazón para la costura). En la foto de arriba vemos en qué consiste la acción.

Arriba un detalle. Se inserta el cordel en la chapa de risclar ( una chapa metálica con una ranura terminada en un pequeño círculo) y se empieza a destrenzar con paciencia y cuidado con el punzón. La chapa absorbe los arañazos que en otro caso se llevaría el cuerpo del libro.

Arriba el cordel cuando el libro está recién cosido, en este caso, en telar.

Arriba el cordel ya risclado.

Sobre el cordel risclado se colocará posteriormente la guarda del libro y , evidentemente, así hará menos bulto que en su estado normal. En el caso del encartonado para cubrir la tapa con piel, el cordón risclado se inserta el cartón de la tapa para pasar aún más desapercibido.

Un consejo, cuando los cabos sean largos - caso de que vayamos a hacer un encartonado, por ejemplo- destrenzar primero el cordón a mano, hasta que queden tres o cuatro cabos. De lo contrario se formarán nudos que tendremos que cortar , dejándonos un cabo que quizás sea muy corto para el encartonado.