Aquí nuestro El viejo y el mar. Uno de mis libros favoritos.

Era una edición barata, de bolsillo, con unas cubiertas, para mi gusto, horrorosas. Abajo, fe gráfica de las mismas.

Pensé en varias opciones para re-encuadernarlo. Algunas con más relación con el contenido que otras, esa es la verdad. La de la foto de abajo fue la primera de ellas. Pero es papel couché y no quería este material en la cubierta. Guardaré la idea para cuando perfeccione el transfer y pueda tener este dibujo de Guinovart en un papel guarro, más moldeable y perdurable en una tapa.

La idea final vino de mano de mis amigos japoneses. Una amiga japonesa me trajo papeles vegetales de Japón, wasi, que permiten trabajar las tapas como si las estuvieras vendando. Otra amiga me mandó la postal del pintor japonés Hokusai. Me encantan sus "marinas", sobre todo sus olas. Vale, el pescador está sobre un acantilado, pero...

Con la postal, el wasi,  y HC ( un material que se vende para hacer barato lo que harías con piel) forramos las tapas.

El HC del lomo tenía el único fin de poder rotular con cinta de dorar ( blanca, como las olas) el título del libro. Bueno, y el de dar más resistencia al lomo.

El wasi permite cortar pequeñas tiras, que desbarbadas hacen efecto de ola o de nube a jirones.

Leído al Sol ha de brillar un poco, porque entre las olas hay polvillo de nácar. Ese polvo de mar que uno encuentra en sus bolsillos cuando retorna de disfrutar de unos días en las playas vírgenes (  para lo que hay en España) de Cabo de Gata.

Las cabezadas también están hechas a mano. Con una tela playera.

Y la cinta de registro es el cabo de una red de pesca encontrada tras una tormenta en Cabo de Gata, como el palito roído por la sal que la culmina.

Los cantos están escofinados. Una buena alternativa a meter la cizalla para igualas las hojas después del re-cosido. Aunque la propuesta fue de mi socio,para que pareciese la espuma de las olas.

En nuestro El Viejo y el Mar, el pez llega íntegro a la playa. Tampoco era cuestión de desvelar el final ¿ no?