Cuando vino a Alcalá a recoger el Premio Cervantes, el autor de Si te dicen que caí dedicó un libro al taller: "Para el taller Desmontando a Marsé ( y volviéndolo a montar, ¡ espero!), con afecto, Juan Marsé".
Pues: ¡ misión cumplida!.
El sábado lo desmontamos. Cada participante habló de su libro, de lo que más le había llamado la atención, de las imágenes que le había sugerido. Excepto una de las participantes, bibliotecaria, para los demás era la primera vez que leían al autor. Esto me pareció un punto muy positivo de la actividad, el atraer a siete nuevos lectores del Premio Cervantes y escuchar sus puntos de vista.
El domingo, tras leer su autorretrato, para conocerle un poco mejor, extractos de entrevistas de los últimos años y del discurso que el jueves pronunció durante la entrega del galardón literario; lo volvimos a montar.
Al haber comprado ediciones de bolsillo ( que van encoladas, con lo que al desmontarlas, nos quedamos con hojas sueltas ) , la técnica común fue la encuadernación americana. Sólo una de las participantes traía una edición en tapa dura, con cuadernillos, y pudo practicar el cosido a la greca y el redondear el lomo y sacar el cajo. Eso sí, todos descubrieron cómo está hecho un libro. "Ya nunca será lo mismo cuando tenga uno entre las manos", dijo una de las participantes. Y añadieron a su vocabulario palabras y expresiones como cinta de registro, anteportada, cabezada, refuerzo de fuelle, página de respeto, lomera, sobre cubierta, cajo, plegadera, risclar, chiflar, batanear...
Me sorprendió que pese a lo prolijo que es Marsé en imágenes, que en casi todos sus libros hay un párrafo, una imagen que puede resumir la esencia del mismo, de la situación en que están sus personajes, casi nadie empleó estas imágenes para encuadernar sus novelas. ¿ O sí?
Nuestra bibliotecaria que eligió un papel vegetal japonés gris brumoso para forrar las cubiertas, porque la atmósfera del libro Rabos de lagartija le pareció justo justo de ese color. La lectora de Canciones de amor en el Lolita´s club quiso reproducir en la portada lo que ella consideraba decoración de puticlub y en el interior, rendir homenaje a Valentín, el enamorado, intercalando páginas con dibujos y las letras de su nombre troquelado. Para ella, la novela es, por encima de todo, una historia de amor. Una tercera participante eligió un papel con letras chinas para forrar El embrujo de Shangai, con un dragón rojo que reflejase el misterio y la aventura.
Ahora están en la prensa, pero cuando estén listos los mostraremos en el blog, con todos sus detalles.
Gracias a todos los participantes y a la Universidad de Alcalá por respaldar la iniciativa. Y ¡ nos vemos en la próxima!.

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