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La Coctelera

Categoría: Dorado

Nuestro `León el Africano´

Arantxa | 25, may

Ya conté que estaba desmontando uno de mis libros preferidos León el africano, de Amin Maalouf, para re-encuadernalo. ¡ Ya está listo!

Era una edición en tapa blanda, pero cosida. Así que, lo primero fue descoserla con paciencia. Se va al centro de cada cuadernillo y con el rejón se cortan los hilos. Cuadernillo a cuadernillo hasta que está todo descosido. Se reagrupan los cuadernillos y se revisa pliego por pliego. A veces, quedan agujeros donde estaba el cosido. Se restaña con filmoplast ( un papel que se adhiere con una plancha). Se intenta, me aconsejaron, poner lo menos posible, para no engordar mucho el lomo. Luego, se vuelve a coser el libro. Este fue trabajosillo, tenía seis surcos de cordel y no quisimos dejar los agujeros, así que lo cosimos ( Javi lo cosió) con seis cuerdas.

Una vez cosido, sacamos la media caña y el cajo, le colocamos una cinta de registro, la cabezada, el refuerzo de solapa sin solapa ( porque iba a ir encartonado), el refuerzo de fuelle... Hicimos la lomera con sus nervios de cartón. Las tapas con sus gracias y sus agujeritos para los cordeles. Montamos las tapas...

Y le pusimos un lomo de piel, chagren verde, y una banda en la delantera. Elegimos esta encuadernación a la holandesa porque queríamos rotular en el borde del libro una de las primeras frases de éste: "Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía". Una frase que por la época en que descubrí a este autor ( gracias a unos buenos amigos que me lo regalaron), me hacía realmente soñar. Aún podría, creo, suscribirla como deseo.

Completamos la cubierta de la tapa con un papel de mapa que envolvía un regalo que nos trajo alguna estudiante de Japón. No recuerdo el regalo, pero el papel me gustó, así que lo desenvolví con sumo cuidado y lo guardé para cuando llegará la ocasión.

Quedaban las guardas. Odio el sistema de guardas pegadas a tapa y primera página que había practicado hasta ahora. En los encartonados jamás de los jamases me había quedado bien. Así que busqué por ahí alternativas y las encontré en Aquisencuaderna.com, (¡ bendita página!, tenéis el enlace en la columna de la izquierda). La alternativa: charnelas y guardas catalanas. A esas alturas estaba hasta el moño de currar en el libro y no quise poner charnelas de piel, para no chiflar más, así que opté por unas de moaré. Y luego las guradas catalanas en papel de aguas.

Lo del dorado...¡¿ cuándo cuándo yo tendré, un lomo dorado bieeeen?!. Bueno, al menos está pasablillo.

La maestría de años de oficio

Arantxa | 13, abr

Cuando tenía 18 años alucinaba con la biblioteca de uno de mis amigos de La Rioja, Solchi. Un montón de novelas encuadernadas en pieles de diferentes colores, con las letras doradas y nervios en los lomos. Parecían libros antiguos, de la biblioteca de algún monarca o monasterio. Cuando leí El nombre de La rosa, me imaginé que los estantes estarían llenos de volúmenes así. Pero no, los libros de mi amigo Solchi eran contemporáneos y de lo más corriente. Novelas que mi amigo había comprado, leído y disfrutado, las más de las veces en edición de bolsillo, y que luego habían pasado por las manos de su padre, encuadernador de oficio y afición, para ser completamente transformadas.

En estos años no había vuelto a prestar atención a aquellos libros.

Pero después de estudiar en mi escuela los procedimientos para hacer libros con las cubiertas de piel, recordé aquellos estantes de la familia García Morejón y un día, que cenábamos en casa de uno de ellos, mi amigo Alfonso, hermano de Solchi, le pedí que por favor me dejara ver algunos de los libros encuadernados por su padre.

Cuando uno ha peleado con los cajos, con las guardas del encartonado, con la temperatura de los hierros, con las rebabas de las pieles para mosaico, con la chifla... y ve un libro impecablemente terminado, decenas de ellos, se lo pasa como un niño con juguetes nuevos.

Ayer comí con Alfonso y le pedí que me trajera algunos de los libros encuadernados por su padre para fotografiarlos.Su padre se llamaba Florencio García y trabajaba de encuadernador en la Fábrica de Moneda y Timbre.  No encuadernaba sólo en el trabajo, también en casa. Alfonso cuenta que les decía los hijos -¡seis!-  : "libros, dadme libros" . Y se los transformaba en ejemplares únicos.

Una lástima, ninguno de los seis continúa el oficio, siquiera como afición.

Aquí están en este post los tres que acercó ayer a mi casa.

Un mosaico, mosaico, con las piezas incrustadas en la piel de la cubierta u oasis. En mi taller somo menos maestros y tras chiflar los recortes, los pegamos sobre el oasis. Serán las prisas de los tiempos.

Y  detalles como esté del dorado en la guardas de las contras de las tapas, junto a la guarda catalana de seda.

¡ Estoy en ello, estoy en ello! Dentro de 10, 20 años... ¡quizás tenga esa maestría!

Un encargo especial

Arantxa | 6, abr

Este album de fotos tiene toda una historia.

La abuela de un amigo nació en Argentina en 1921. De padres españoles, aún era una niña cuando regresó a la península. Pero siempre recordó su casa de allá.

Su nieto estuvo en Argentina en 2007 y decidió pasarse por la antigua casa de su abuela y hacer unas fotos de cómo era ahora la fachada, la calle, el tren que la abuela recordaba que pasaba al lado.

Nos comentó que quería regarlárselas y le propuse este album de fotos, con un papel de mapamundi que encontré en una tienda de Madrid y que me encanta. ¿ Por qué no hacer una portada con el trozo en que se ve Argentina y de refilón España?

En la contraportada, las antípodas, que la cosa quede geográficamente correcta.

Pretende ser un album muy sencillo y por eso no lleva guardas, utiliza una de las páginas del mismo como tal. Para diferenciarlas del resto, un pequeño corte decorado en las esquinas.

El cuerpo está hecho con cartulina y papel cristal, encoladas, sin cosido. Armado en tapa suelta, con el método de "falso encartonado". Las tapas están forradas con el papel de mapamundi mencionado, reproducción de un antiguo mapamundi. Y el lomo con un material que llaman HC , que imita la piel y permite las mismas técnicas que ésta: resaltar falsos nervios, dorado, gofrado... pero a menor precio y con la facilidad de no tener que chiflarla.

Lo de dorar es todavía una asignatura pendiente para mí. Lo hacemos calentando los hierros en un infiernillo eléctrico y ... a veces falta paciencia para esperar a que estén en el punto exacto de calor. Te pasas y quemas el HC o no llegas y apenas se marca el dorado, y al repasarlo, no coincides sobre la huella anterior. Lo que, si se trata de letras, puede ser nefasto. Nefasto solución tejuelo.

Pero insistiré, insistiré e insistiré... Ya os contaré de mis progresos. ( Cuando los haya)